El aditivo alimentario que acaba con tus ganas de hacer deporte

Además, su efecto te hace sentir cansado

Llegan las siete de la tarde, se ha hecho ya de noche, estás en las últimas después de 9 horas en la oficina. Y miras de reojo la bolsa del gimnasio, aparcada desde la mañana al lado de tu escritorio. ¿Cómo superar las pocas ganas de ejercicio físico que te invaden? Ahora un nuevo estudio científico ha demostrado que esa sensación puede estar relacionada con un aditivo alimentario, el fosfato inorgánico, que se encuentra en el 70% de los alimentos procesados (en Estados Unidos).

El estudio, publicado en la revista Circulation , tuvo como objetivo observar los efectos adversos del consumo excesivo de fosfato en la dieta, examinando ratones de laboratorio. Pudieron comprobar que los animales alimentados con ese aditivo pasaban menos tiempo en la cinta y tenían menos capacidad para quemar grasa. “Nuestros datos demuestran un efecto perjudicial de una dieta excesiva en fosfato inorgánico en el metabolismo de los ácidos grasos del músculo esquelético y la capacidad de ejercicio. Eso es independiente de la obesidad y de la función cardíaca contráctil. El fosfato inorgánico puede representar un objetivo nuevo y modificable para reducir la inactividad física, asociado con la dieta occidental”, dicen en el extracto los autores del estudio.

Efecto en humanos

Mientras los ratones se observaban durante un período de 12 semanas, los investigadores querían hacer una comparación con los humanos, para lo que analizaron los datos de pacientes inscritos en el Estudio del Corazón de Dallas, de entre 18 y 65 años, que no tomaban ningún medicamento y no tenían antecedentes de problemas renales o cardíacos.

Los participantes en la investigación llevaron monitores de actividad física durante siete días, lo que vinculó los niveles más altos de fosfato en sus dietas a un menor tiempo dedicado a la realización de ejercicios. Al igual que con los ratones, la inactividad aumentó cuando los niveles de fosfato eran más altos.

Consumo excesivo

La Sociedad Española de Nefrología (SEN) ha apelado a las organizaciones de consumidores para que exijan la incorporación del contenido en fósforo (en general, como fosfato) en el etiquetado de los alimentos, dado que el consumo medio en España es entre dos y cuatro veces mayor al que se necesita. En concreto, se estima que el organismo necesita unos 700 miligramos diarios de fósforo cuando el consumo medio en España está en unos 2-3 gramos al día según datos de la SEN de 2017, un consumo excesivo motivado por la ingesta de alimentos procesados, en los que los fosfatos provienen de los aditivos, conservantes y saborizantes.

“El fósforo de los alimentos procesados, tomado en cantidades excesivas, es perjudicial para la salud del riñón y resulta especialmente nocivo para las personas mayores, con una función renal disminuida y menor capacidad para eliminarlo”, explicaba con motivo de esta petición la presidenta de esta sociedad científica, María Dolores del Pino.

¿Qué es y donde se encuentra el fosfato inorgánico?

Un fosfato es la partícula cargada que contiene el fósforo mineral que el cuerpo necesita para ayudar a reparar y construir sus dientes y huesos, hacer que los músculos se contraigan y ayudar en la función de los nervios. Los fosfatos se encuentran naturalmente en una amplia gama de alimentos saludables como carne, pescado, lácteos, frutas y verduras.

Sin embargo, el problema es la forma inorgánica, saturada en muchos de los alimentos y bebidas procesados ​​que se consumen. “Se usa comúnmente para prolongar la vida útil de muchos alimentos, y también puede mejorar el sabor de otros. Es probable que sea un ingrediente / aditivo muy económico que explique su uso casi ubicuo”, ha explicado a medios norteamericanos Dana Hunnes, dietista senior del Centro Médico de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).

Entre el 40 y el 70% de los productos comestibles más vendidos en Estados Unidos, como las bebidas de cola y los alimentos congelados preparados contienen estos fosfatos inorgánicos.

Así pues, el fosfato inorgánico se encuentra en los alimentos procesados y según los nefrólogos, son absorbidos con mucha facilidad por el organismo, resultando perjudiciales para la salud del riñón y acelerando el envejecimiento, al poner en marcha procesos que calcifican los vasos y descalcifican el hueso.

¿Cómo se puede identificar qué productos los contienen?

Tras la última modificación comunitaria del etiquetado alimentario, los aditivos son identificados por una E seguida de una serie de números (E-388-452). Estos pueden significar la presencia de fosfatos, pero para saberlo a ciencia cierta el consumidor debe memorizar la codificación (algo casi impensable) o consultarla en alguna aplicación, pero en cualquier caso la cantidad de fosfato no queda especificada. De hecho, mientras que se detalla de forma más clara aconsejan a los consumidores que se instalen en sus teléfonos móviles aplicaciones que les ayuden para la identificación de fosfatos.

 

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